Category: Micro Relatos


“¿Te acuerdas de aquello que te dije sobre los farolillos de gas en mis sueños? Pues estaba escrito. Formaba parte de un poema o algo parecido. No sé cuando, pero lo había escrito en una hoja amarilla parecida a las de las Moleskine pero con los bordes rectos. Lo había hecho con un bolígrafo azul casi sin tinta. Tenía un tachón en forma de platillo volante. Casi podría dibujarlo de nuevo. Casi. Pero no puedo. No recuerdo más que una frase. No consigo ver más que una mancha borrosa. Dicen que no se puede leer en sueños, así que debo recordar el papel como una ensoñación. Pero existió. Ahora ni siquiera puedo saber si sigue existiendo, si está dentro de algún libro o se perdió en la papelera hace meses.

Pierdo más cuentos y poemas de los que conservo. No los pierdo de una forma literaria o metafórica, simplemente los abandono o me abandonan en un momento difuso que después no puedo concretar. Podría llegar a pensar que soy un escritor de fondo de cajón, o de butaca de tren, o de prospecto médico. A veces pienso que hay alguien leyendo mis cuentos e incluso guardándolos en algún lugar haciendo así que vuelvan a la vida por un tiempo, pero en realidad sé que no es así. Nadie lee los papeles perdidos. Nadie siente intriga cuando lee un verso. Nadie se detendría el tiempo suficiente como para descifrar una letra alargada y manchada.

Y seguro que no soy el único que pierde palabras por las esquinas. No, tiene que haber más como yo. Personas que escriben en papeles arrancados de las paredes, en servilletas, en páginas de libros, en manos atrapadas en un bar. Y si es así, el mundo debe tener un montón de estrofas e historias barridas bajo la alfombra. Debe ser un libro fragmentado escrito con infinitas caligrafías que vierten impúdicamente intimidades abandonadas.

Cuando me dedico a pensar seriamente en ello, digamos durante más de un minuto y menos de cinco, llego a creer que esos no son mis cuentos perdidos. Que son los únicos cuentos verdaderos, los que pasaron a formar parte de un ente mayor. No importa que nadie los lea. Quizá sean los cuentos que hayan logrado escaparse de la libreta.

Siempre escribo con la música puesta para no oír los gritos de las palabras deseando huir.”

 

Autoría: Ricardo Sánchez (Editorial Mystica)

 

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Rojo o Negro

“Siempre iba con su baraja en el bolsillo, gracias a ella había tomado las decisiones mas importantes de su vida, si salía palo rojo seria un gran día para él, si salía negro mejor no arriesgarse, pero ese día… lamentablemente todo salió al revés, pero nunca se sabrá si su baraja perdió la magia…”

Autoría: Francisco Jiménez Novillo

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No es un día cualquiera

“Recuerdo que no noté nada al principio, fue algo progresivo, poco a poco. Al cerrar la puerta de casa y echar la llave me percate que el ambiente era distinto. A pesar de ser pleno invierno y no haber cruzado la franja del amanecer percibí que la temperatura era mucho mayor que otros días, acompañada de una sensación pegajosa, muy similar a la que se siente en las zonas de costa.

Permanecí dos, tres segundos en el porche de la casa analizando la situación. “¿Tengo fiebre?”. Fue todo lo que pude plantearme. Mis pensamientos se vieron interrumpidos por un extrañísimo sonido que parecía provenir de ninguna parte. Baje las escaleras, maletín en mano y alcancé la calle. Otra vez. Retumbaba desde las colinas más cercanas hasta donde yo me encontraba y parecía volver de nuevo al punto de origen.

Yo no era el único sorprendido por la situación. Varios vecinos, algunos incluso con bata y pijama, solos o acompañados de sus hijos, salían a escuchar. El misterioso tambor se repitió de nuevo, no obedecía orden, ritmo o tiempo alguno. Nos miramos unos a otros, sin explicación.

Absorto en aquel sonido atronador que parecía provenir del mismísimo abismo, olvide por completo el calor, casi primaveral, que se había adueñado de aquellas horas. Me deshice del pesado chaquetón y afloje la corbata, tomando algo de aire. Otra ráfaga de ruidos, ora del norte, ora del este. Los niños pedían a sus madres que los llevaran de vuelta al hogar, aquello daba miedo.

Saque de la chaqueta el teléfono y miré la hora. “Llego tarde a trabajar”. Me detuve. Mis ojos pasaron raudos de la hora a la fecha. Nunca había prestado atención, ni había hecho el más mínimo caso a las noticias y a los vaticinios pero aquel era el 21 de diciembre de 2012.”

Las palabras mágicas

“El infante a penas superaba los seis años de edad, y ya mostraba unas dotes extraordinarias para la prestidigitación. Su maestro, Monsieur Bonnet, era un reputado ilusionista, avezado en las más complejas ramas de la magia y un estupendo teórico reconocido por sus colegas de profesión que en aquella etapa de su vida había decido dedicar todos sus esfuerzos, como suele ser costrumbre entre los más grandes magos, a la formación e instrucción de nuevos artistas.

El jovencísimo Antoine Gaudet trabaja durante todo el día en el taller de su maestro, construyendo nuevos artilugios, preparando los espectáculos de los aprendices más avanzados y estudiando intensamente día y noche para cumplir con las expectativas que Monsieur Bonnet tenía puestas sobre él.

Pasaron los meses y Antonie Gaudet se estaba convirtiendo en uno de los mejores alumnos de la escuela, no obstante la mente de aquel niño seguía dando vueltas a una incógnita que lo atenazaba desde que comenzó los primeros días como aprendiz de mago.

Una noche, justo después de un excelente espectáculo que la famosa escuela de Monsieur Bonnet había ofrecido en la pequeña ciudad de Asnières-sur-Vègre, el joven aprendiz detuvo a su maestro, y aprovechando el alborozo, le inquirió de la siguiente manera:

– Querido maestro, sabe que desde que llegué a esta ilustre escuela he depositado todos mis esfuerzos, trabajando con tesón para satisfacerle – el maestro asintió solemnemente, ratificando todas las palabras del aprendiz – durante todo este tiempo he practicado todas las ramas de la magia, he estudiado las técnicas y métodos y he profundizado en las teorías más complejas – Monsieur Bonnet se apoyó sobre un baúl cercano y terminó de escuchar al joven – Pero después de todo este estudio, le ruego maestro ilustre mi mente y me libere de esta duda que atenaza mi alma día y noche, revelándome las auténticas palabras mágicas que se esconden detrás de nuestro arte.

Monsieur Bonnet lo miro por encima de sus anteojos, y viéndose reflejado en aquel joven muchacho, solo pudo sonreír, sintiendo en su corazón la fuerza que a veces irradia la ilusión de un niño.”

 

Pequeño relato basado en una bonita anécdota que un día nos contó nuestra amiga y directora de la Gran Escuela de Magia, Ana Tamariz. Que vaya este relato a ella dedicado y a todos los que aún sienten el niño interior que ocupa sus corazones.

 

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Meisterstück

“Noche cerrada, negra como el tabaco que anublaba un callejón de adoquines empapados por la incesante lluvia. Cerca del club de jazz, donde un contrabajo acompañaba al piano más triste de la ciudad, un cuerpo sin vida yacía retorcido junto a las basuras.

—Otra vez ha vuelto a actuar… —advirtió el agente dirigiéndose a su superior.

—Ya veo… —respondió el subinspector mientras extraía una estilográfica de oro de un bolsillo del desaliñado cadáver—. Es imposible que este pobre diablo escribiera con una Meisterstück, ¿no?

La música dejó de sonar mientras el subinspector se dirigía hacia los neones que iluminaban tenuemente el callejón.

—Estupendo solo de piano… ¿Puedo pedirle un autógrafo? —preguntó el policía mientras introducía la ensangrentada estilográfica en el bolsillo de la camisa del pianista de color.

—¿Soy el siguiente…?

—Así es… —sentenció el subinspector mientras una bala silbaba desde el silenciador de su pistola.”

 

Autor: Ricard Mágar (@ricardmagar)

 

Para nosotros es un auténtico placer contar en La Voz de Raudive con las líneas de Ricard Mágar en forma de micro relato. Os dejamos link pinchando aquí a la página web de este escritor, científico y músico al que no debéis perder la pista. “Detras de la triste mirada” y “De canciones de cuna a réquiem” son dos títulos que muy pronto desearéis leer. Nuestro profundo agradecimiento por esta colaboracion.

 

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Sonámbulo

“El reloj despertador marcaba las 4.15 y la cabeza parecía que me iba a explotar.

¿Cómo es posible que haya soñado algo tan real? Parece que lo que me ha pasado haya sido verdad…

Recuerdo que eso era lo que pensaba cuando escuche las sirenas de un coche de policía, y aun hoy pienso en este cubiculo que es ahora mi hogar.

Al día siguiente de ese sueño, recuerdo que todos los noticiarios del día abrían con la noticia “DETENIDO EL ASESINO INSOMNE….”

 

Francisco Jiménez (@pakoto01)

El agujero

“Dos de los hombres más fuertes del pueblo sujetaban a peso el cuerpo sin vida del jovén Robert Salem, muerto hace a penas dos días.  En la cacería semanal que se realizaba con motivo de la fiesta de invierno una bala perdida impactó en el pecho de Robert causándole, según indicó el Dr. Pattison, la muerte inmediata.

La madre, las hermanas y otros parientes cercanos observan con total atención el misterioso ritual que, según contaba la tradición, se venía realizando en el pueblo de Crown Raven desde tiempos inmemoriales cuando un joven fallecía en tan desafortunadas circunstancias.

Tras el correspondiente ofrecimiento ritual que incluía vísceras humanas y otros extraños componentes de sospechoso origen, los dos hombres arrojaron al joven Robert Salem al agujero. Un pozo sin fondo, negro como la pez, que se extendía hacia el averno, según decían las viejas del lugar y que se hundía como una puñalada en la Tierra.

La fúnebre comitiva abandonó el enclave sagrado con el sentimiento de quien confía en la Oscura Providencia.

– – –

La madre del muchacho fue despertada a primera hora de una fría mañana de diciembre, apenas tres semanas después. Un agente uniformado preguntaba <¿Es usted la madre de Robert Salem?>. Ella asintió desde la puerta con el rostro congelado. <Su hijo ha sido encontrado vagando desorientado por el pueblo de Ainswoth, a 200 millas de aquí.>

La mujer solo pudo afirmar. Con la sonrisa tensa del perro. Mientras, en su interior, una voz decía <Ya lo sabía>.”

 

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A las nueve

“Desde que compró la casa todas las noches ocurre lo mismo. Como casi un reloj, llegan las nueve de la noche y en la ventana de enfrente se enciende una luz muy tenue, como la de una lámpara de mesilla, que permite percibir la silueta de una mujer. Por sus movimientos y la sombre que refleja en la ventana, se debe tratar de una señora mayor. Se sienta en lo que parece una mecedora y observa a los escasos transeúntes que deambulan por el pueblo a esas horas. Nunca se había atrevido a llamar, puesto que por el día no se observaba a nadie ni en el jardín ni en las otras ventanas. Tan solo por las noches, cuando ya era hora de recogerse y el reloj de la plaza del pueblo daba las nueve en punto, se encendía la luz y la silueta se sentaba a observar.

Un día, desayunando en el café del pueblo, recordó la escena nocturna y decidió preguntarle al camarero:

-Disculpe, ¿sabe quien vive en la casa gris de la calle 4? Todas las noches veo la luz encendida pero no se observa a nadie a lo largo del día.

-Señor, esa casa lleva deshabitada durante más de 50 años. Sus anterior dueña era una señora mayor de la que no se conoce la causa de la muerte. Desde entonces, nadie ha sido capaz de pasar una noche en ella ni mucho menos comprarla.”

 

Autoría: Paloma Canseco Muñoz (@TheBerryBlues)

El Alarido

“- ¿A cualquier hora?- interrogó el policia mientras apuntaba en la libreta.

– Si- asintió la mujer.

– ¿Pero esto no es un tercero?- el otro policía susurró a su compañero. Este se encogio de hombros.

-A primera hora de la mañana, en la siesta, justo antes de dormir, ¡e incluso en plena noche!- las mujer hablaba engrasando cada palabra con un tono de cansancio.

-¿Ha probado a…?- la propuesta del agente se vio interrumpida.

Un grito terrible, doloroso y profundo que parecía venir de la sala de estar retumbó en sus tímpanos de manera brutal.

Los dos hombres se miraron e instivamente llevaron sendas manos a sus armas reglamentarias. Casi en tropel avanzaron, seguidos por la dueña, hasta la habitación contigua.

Allí no había un alma.

– Y así sucede, constamente…”

“Poseo múltiples y diferentes habilidades. Puedo subir y bajar, puedo transformarme y cambiar de color vulnerando toda suerte de leyes naturales. Puedo desaparecer delante de tus ojos con un chasquido.

Puedo saltar, puedo formarme en filas como un abanico perfecto y viajar hasta un lugar imposible gracias a un giro.

Puedo romperme en pequeños trozos, puedo ser quemada y consumida hasta morir, y resugir frente a tus ojos sin que la mente empírica pueda comprenderlo.

Puedo hacer eso y puedo hacer mil cosas más que no podrías explicar.

Pero solo puedo hacerlo en las manos correctas.

Solo puedo hacerlo en las manos de un mago.”

Testimonio de una carta

 

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