Archive for diciembre, 2013


Cuando conocí a Kayto por primera vez me pareció un persona sorprendente. Me pregunté, eso sí, cuanto del personaje había en la persona y me di cuenta que ambos eran lo mismo. Kayto es risueño, natural y por encima de todo absolutamente inimitable.

Todos los magos conocen a Kayto y todos hablan maravillas de él. Tiene muchos amigos y la mayoría siempre tienen alguna divertida anécdota que contar. Entre bambalinas, y hablo en primera persona, pues he tenido el gusto de ayudarle como staff en Con Té de Magia, es todo un profesional. Cuando sale al escenario su manejo de los espectadores, del show y de todos los pequeños elementos que le rodean es extraordinario.

Mi relación con Kayto ha sido puramente profesional pero he descubierto que su originalidad es digna de mención. Hemos dicho mil veces aquello dé, esta expresión, este gesto, es de Kayto. Ha creado algo grande y a través de esta entrevista y desde La Voz de Raudive pretendemos rendirle  merecido homenaje.

Lógico y evidente agradecimiento a Ana Tamariz y a su Gran Escuela de Magia pues esta entrevista ha sido realizada como orgullosos Cronistas de la misma, y eso siempre siempre es un auténtico lujo.

Os dejo a continuación la entrevista, espero que la disfrutéis y ¡que viva la magia!

Nuevo Capitol. Madrid. Año 2072.

Al espejo del camerino le faltaban dos luces y de las restantes sólo lucían de verdad seis. Sobre la mesa un gastado tapete que nunca sacaba al escenario y una baraja francesa recién desprecintada.

El frío evidente que hacía en aquel camerino situado en el subsuelo del teatro Nuevo Capitol parecía no hacer mella en el vetusto cuerpo del anciano. Sentado, miraba la imagen que le devolvía el espejo, repasando con pasmosa tranquilidad, y en contra de la naturaleza que le caracterizaba, cada uno de los recuerdos que en forma de arruga le había ido dejando la vida.

El sonido de los pies, que en tropel, entraban al teatro para ver el espectáculo le sacaron de su recogimiento. Se levanto apoyándose en la silla, en un esfuerzo que cada vez era más intenso, y tomó aliento. Miró la pajarita y  levemente apenado pensó “que desastre”, estaba arrugada. La intentó estirar sobre la mesa y solucionó parte del desaguisado.

“La soledad del artista. El público sonriente, ansioso y exigente ante el importe de su entrada, no admite excusa del artista y a penas comprende el triste trasfondo que puede acompañar a este. Nadie escucha mi pensamiento. Que más da. Estas ideas se pierden según las pienso y no sirven para nada” cavilaba mientras intenta infructuosamente colocarse la pajarita.

Se arregló el cabello pasando con elegante soltura las manos a través de él. Convencido, y en una especie de deliciosa obsesión, “rifleó” un par de veces la baraja y se detuvo ensimismado ante la burlona mirada del rey de tréboles que con una extraña cabriola se había escapado de sus manos y había ido a parar al tapete.

“Que placentero era compartir logros y milagros con los compañeros, sentir el caluroso aplauso de los públicos e insuflar, porque no decirlo, el ego de artista a base de adulaciones y piropos falsos y sinceros. Pero ahora, guardo el secreto de mi éxito, como si del retrato de Dorian Gray se tratara. No puedo compartir el hermoso enigma que me ha acompañado en los últimos treinta años. Bueno, treinta, o la cuenta proporcional que deba salir. Eso es algo demasiado científico para mi…”

La reflexión se vio interrumpida por unos pasos que descendían hacia la húmeda oscuridad del camerino y resonaban en las destartaladas paredes.

– ¿Señor?-

La joven voz del aprendiz desde el primer escalón le hizo darse la vuelta.

– Javier – ronca la voz. No se hubiera reconocido a sí mismo sesenta años atrás.

– El teatro esta lleno. Dirección me indica que cuando usted quiera-

– Diez minutos y que empiece a tocar la orquesta – ordenó el mago mirando a Javier a través del espejo – Ven y ayuda a este anciano a ponerse la chaqueta – el joven que debía esperar la instrucción atravesó la pequeña habitación como un rayo y le colocó la prenda con soltura – ¡Y quita esa cara de pena, el mundo no se acaba esta noche!-

Javier estiró la chaqueta, colocando los hombros y las mangas – ¿No esta nervioso, señor?-

– ¿Y porque debería estarlo? – le inquirió este.

– Esta es la última función de su carrera, señor –

El mago escuchó la frase de la boca del que había sido su aprendiz durante los últimos tres años y sintió como un mazazo la verdad.

– Nada dura eternamente Javier. No puedo seguir jugando con el tiempo mucho más…-