mano_bebeHe hablado muchas veces en este blog de la muerte. Un tema en absoluto baladí y no demasiado agradable de tratar. No obstante, parece que en este ánimo de escribir sobre lo desconocido he podido olvidar otro campo, muy cercano y si cabe más esperanzador. A raíz de un acontecimiento feliz y que en los círculos más próximos celebramos con alegría he decidido tratar en La Voz de Raudive una cuestión que invita de manera clara a la reflexión: el nacimiento.

Hace más de una veintena de horas venía al mundo un pequeño ser que me ha permitido recapacitar sobre el nacimiento e irremisiblemente sobre la vida que conlleva. La muerte, ese estado del que sabemos tan poco, quizás este más cerca del nacimiento de lo que nuestras “sólidas” creencias nos han inculcado a lo largo de los milenios. Por eso estas líneas son una humilde oda al inicio de todo, al origen más perfecto del hombre, al nacimiento en toda su extensión.

En mi primer contacto, acudía con el afecto y cariño evidentes pero también con la curiosidad del atento investigador de lo imposible. Y no se confundan, no me refiero a ninguna suerte de morbo, sino a la duda razonable del origen del hombre: ¿de dónde venimos? Precisamente por eso, en mi traslado en coche hasta el hospital, me formulaba a mi mismo las más extrañas y profundas dudas, planteándome sí aquel ser que acababa de ser alumbrado podía, quizás, tener respuesta a tan arquetípicos interrogantes.

Me encontré frente a mi, en cómoda posición fetal, un pequeño niño que descansaba junto a su madre con la tranquilidad natural del recién nacido. Nada más allá de lo corriente, nada más allá de lo que se puede ver en la unidad de maternidad de un hospital cualquiera. Pero me negué a mirar con los ojos del profano y frente a todo delirio, quise ver más allá. Le propuse mentalmente todas mis dudas que, por lógica, no fueron respondidas (tampoco lo esperaba) pero sirvieron para hacerme entender, al menos durante unos minutos, que el misterio de la vida quizás no este detrás de la muerte, sino antes del nacimiento.

Aquel diminuto hombrecillo, indefenso, necesitado de la continua asistencia de sus progenitores,  dormía despreocupado. No obstante, quise apreciar en el azul grisáceo de los ojos del bebe, un brillo fortuito que se escapaba entre las rendijas que formaban los párpados, como si un conocimiento oculto que se olvida con la edad residiera en su interior. No sabemos nada sobre la existencia, acaso meros datos médicos que nos permiten ampliar la esperanza de vida, pero tuve el presentimiento que aquel niño de a penas dos días de vida podía saber más que ninguno de nosotros. ¿Qué hay antes del nacimiento? ¿con que soñamos en la vida prenatal? ¿en que mágico momento se hace la luz? ¿es, acaso, el canal del parto el paso iniciático definitivo hacia el olvido? ¿Qué aprendiste mientras flotabas en el cosmos infinito del vientre materno?  Mi presentimiento se hizo fuerte cuando, en mitad de tan extravagantes pensamientos, una sonrisa se dibujo en el rostro del bebe, como si de alguna manera estuviera corroborando mi teoría.

Con el paso de lo meses ese conocimiento (si es que existe) se iría diluyendo como un azucarillo en el mar hasta que a penas podamos recordar nada en la edad adulta. ¿Cuantos de los que leen esto pueden recordar su nacimiento? Un tope, un mecanismo de cierre para no recordar lo que no debemos.

El nacimiento. No existe momento más importante en la vida de uno. Aquella habitación de hospital y aquel pequeño ser representaban lo auténticamente sagrado, fuera de todo dogma que conozcamos. Reconozco que entre aquellas cuatro paredes se levantaba un auténtico templo al culto de la vida. Puede parecer exagerado pero así lo percibí yo.

A ti, joven hombre, te queda mucho por hacer, tanto que soy incapaz de enumerarlo en estas líneas que se cierran cual diques artificiales. Tienes el marcador a cero, eres una piedra preciosa sin pulir, eres (haciendo metáfora de nuestro arte) una baraja de cartas sin desprecintar, tienes toda la potencia de la que nos dota la naturaleza.

Bienvenido a este mundo de locura, crisis, violencia, desasosiego. Aún tienes la oportunidad de poner un poco de paz en estos momentos de ruina.

Bienvenido amigo, aprovecha tus días y vive como un hombre libre.

Bienvenido, pequeño viajero del espacio.

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