Ha pasado más de un mes desde la última vez que vi Birlibirloque y todavía tengo en mi cabeza un recuerdo mágico de aquel día.

Jorge Blass presentó su último montaje mágico en el Teatro Compaq de Gran Vía. Durante tres semanas el famosísimo mago madrileño llenó la capital de mariposas de colores, de esas mismas que se notan en el estómago cuando vivimos algo especial.

El Teatro Compaq era perfecto para el evento y Jorge tuvo el gusto de ambientarlo con un toque mágico que podía apreciarse si se miraba con los ojos de un niño. Desde el principio una música muy peculiar que invitaba al despegue mental y al “dejarse llevar” sonaba como hilo musical entre las butacas del teatro. A mi entender, esta idea, era la que después se mantendría durante todo el espectáculo.

Como sabéis, no es costumbre en nuestras crónicas destripar los entresijos de los shows, así que mejor os contaremos lo que percibimos desde nuestros asientos. Jorge empezó muy potente  con la música en directo de Nacho Mastretta, y se decantó por un juego de manipulación en el que las cartas surgían de las manos del mago como por arte de magia. A partir de ahí un carrusel de emociones y de efectos variados y muy entretenidos.

Un breve recorrido por la historia de la magia y su evolución, y por supuesto un recuerdo a los grandes maestros, un enorme Juan Tamariz se proyecto sobre la blanca tela del teatro como hermoso homenaje que no podía faltar.

Desde la desaparición y aparición de espectadores, pasando por la magia poética en forma de una hermosa bailarina que representaba a la luna, hasta un divertido juego de mentalismo con la ayuda de un ipad. Jorge Blass supo sacar partido a su nuevo espectáculo y lo pobló de distintos efectos mágicos que se ganaron el merecido aplauso del público que gozó enormemente durante casi una hora y media.

Esto es lo que vi. Ahora bien, también está lo que sentí allí, en mi opinión casi más importante. Salí del teatro con una sensación muy peculiar que entiendo debe responder a la voluntad de quien ideó Birlibirloque. Uno siempre goza viendo magia, y lo hace porque, como bien dice el maestro Juan Tamariz permite al espectador sacar al niño pequeño que lleva dentro, no obstante la sensación posterior al efecto mágico es muy importante. Por eso, mantengo vivo en mi memoria la emoción de la magia, y esto es así porque, desde mi experiencia, Jorge Blass consiguió crear un verdadero ambiente mágico. Un espacio apartado de la mundana realidad que terminaba donde empezaba el exterior y que nos permitía creer que allí ocurría algo mágico, que allí podía pasar lo imposible.

No podemos olvidar, ni dejar de mencionar, la excelente compañía con la que vimos Birlibirloque aquel 7 de octubre: Ana Tamariz, Manuel Vera, Julio Sánchez, Elena Torner, Laura Llano, Eduardo Esteban, Alvaro Roman, Mago Jota y Alfonso Buenavista y por supuesto no podemos olvidar el importante día que celebrábamos, el cumpleaños de Ana Tamariz.

Os dejamos una instantánea, realizada (como no podía ser de otra forma) por Paloma Canseco (@theberryblues), nuestra fotógrafa de magos, y que queda como recuerdo de aquella bonita noche. De izquierda a derecha: Borja Medina, Daniel Tamariz, Mago Jota, Ana Tamariz (abajo), Elena Torner (abajo), Eduardo Esteban, Jorge Blass, Julio Sánchez, Alvaro Román, Laura Llano, Alfonso Buenavista y Manuel Vera. – Pinchad en la foto para verla a tamaño completo –

Agradecimientos:

– a Jorge Blass por recordar la potencia de la magia como arte y por idear y continuar creando nuevos espectáculos.

– a Ana Tamariz por dejarnos compartir con ella un día tan importante. Nos sentimos honrados y felices.

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