“- ¿A cualquier hora?- interrogó el policia mientras apuntaba en la libreta.

– Si- asintió la mujer.

– ¿Pero esto no es un tercero?- el otro policía susurró a su compañero. Este se encogio de hombros.

-A primera hora de la mañana, en la siesta, justo antes de dormir, ¡e incluso en plena noche!- las mujer hablaba engrasando cada palabra con un tono de cansancio.

-¿Ha probado a…?- la propuesta del agente se vio interrumpida.

Un grito terrible, doloroso y profundo que parecía venir de la sala de estar retumbó en sus tímpanos de manera brutal.

Los dos hombres se miraron e instivamente llevaron sendas manos a sus armas reglamentarias. Casi en tropel avanzaron, seguidos por la dueña, hasta la habitación contigua.

Allí no había un alma.

– Y así sucede, constamente…”

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