Los temas te persiguen. Lo escribí cuando iniciamos este blog y lo vuelvo a repetir porque para mi es una verdad como un templo. Puedes alejarte más o menos, por unas cuestiones o por otras, pero como guiado por la mano del destino al final vuelves a la senda y te detienes inmerso en la misma cuestión. De esta manera no puedes evitar preguntar, ¿por qué escribo sobre esto? Quizás la única respuesta posible es porqué tienes que escribirlo y punto.

Escribir sobre la #muerte es una cuestión que llena, nos hace reflexionar y nos conduce hasta lo más profundo de nuestro ser. Hablar sobre ella es pulsar una extraña tecla que provoca un resorte en nuestro interior. La muerte no deja indiferente a nadie.

El tema volvía a mi cabeza como un bumerán cuando escuchaba el tema de Lana del Rey titulado, al igual que su álbum, “Born to Die”. El estribillo de la canción repite una y otra vez “We were born to die”, “We were born to die”, “We were born to die”. ¿Y es que hay algo más propio o más inherente al ser humano que la muerte? Sobre esta cuestión reflexionaremos después, pero ya adelanté que, desde mi humilde punto de vista, es uno de los pilares fundamentales de nuestra existencia.

Hace unas semanas Milenio 3 (@navedelmisterio) trataba el tema de la inmortalidad. Una cuestión que, como es evidente, y vista mi atención sobre la materia, seguí con sumo interés. La opinión de los oyentes era casi unánime cuando se habla de inmortalidad, la mayoría lo rechaza aludiendo a que la vida no sería lo mismo si pudiésemos vivir eternamente pero es que otros lo rechazaban aún con más vigor, aludiendo a que era un auténtico ataque contra la propia Naturaleza o contra el mismísimo Dios.

La vida, como ocurre con muchísimas cosas, es una tarta. Si comemos tarta todos los días, o voy más allá, si sabemos que esa tarta por mucho que engullamos porción tras porción, va a seguir entera y no va a extinguirse nunca, pierde por lógica todo su sentido y se transforma en una condena más que lo que es por naturaleza y para lo que ha sido fabricada, un placer.

Es propio y lógico preguntarte a que responde todo este absurdo que nos rodea. ¿Hemos sido creados para procrear y fortalecer la especie exclusivamente? Entonces, a que viene dotarnos de un pensamiento, de una personalidad y de una conciencia que nos hace plantearnos que hacemos en este mundo. ¿Somos un extraño error, una criatura que ha evolucionado más allá? Algo así como un autómata, un robot cuya I.A. provoca que se sienta como un ser humano cuando en realidad no lo es.

Las teorías sobre la muerte son tan variadas como los colores. Las hay de todos los tipos, a gusto del consumidor. Estas hipótesis se originan por dos cuestiones o quizás por una sola que se interrelaciona hasta el infinito,  la necesidad del hombre de dotar, como mencionaba en el párrafo anterior, de un sentido a toda esta locura y las señales, o luces rojas (como la película de @rodrigocor7es), que parecen indicarnos que la vida no es un interruptor que se enciende y se apaga a placer, que no es pura forma, o simplemente un esqueleto rodeado de carne con una fecha de caducidad, sino que existe un verdadero trasfondo, una historia detrás del hombre que piensa que no procede de la carne o de la víscera, sino que nace del espíritu.

Estas señales son variadísimas. Hoy mismo leía en @LaVanguardia que dos años antes de producirse la muerte comenzaba a notarse en la persona que perdía esta la memoria de manera acelerada. Manuel Ortega (@Lanavecelta ) apuntaba muy preciso que “En los últimos días de vida, parece como si nuestro cuerpo o alma se fuera preparando para el “viaje” y esto me recordaba inevitablemente a los casos, muy bien relatados por Cuarto Milenio y Milenio 3 en su programa “Los que eligen cuando morir”, en los que la persona que estaba a punto de cruzar ese misterioso umbral recibía la visita de sus seres queridos, que como una comitiva del otro mundo se materializaban de manera brutal para conducirle hasta aquel túnel tan característico y del que tanto hemos oído hablar.

Piensen ustedes, reflexionen y dediquen el tiempo a su propia #muerte. Al contrario de lo que les puedan decir, merece mucho la pena. Hay pocas cosas que tenemos seguras, y que se manifiestan como pilares de nuestra existencia, y es que hemos nacido y que vamos a morir, custiones sobre las que no podemos influir de ninguna forma.

Lo que sí tengo claro es que entre esos dos pilares se localiza un tercero, y es el amor. Estas son los tres puntos sobre los que se sostienen nuestras frágiles vidas. Ya que no podemos controlar los pilares externos, al menos utilicemos el central de la mejor manera que sepamos.

Buenas noches.

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