“Llegaron desorientados. Los ojos perdidos y ausentes del brillo de los vivos. Los marineros bajaban de las naves y se lanzaban desesperados sobre la playa, buscando la seguridad de la tierra.

No daban explicación alguna. Se encerraban en sus casas y negándose a pronunciar palabra, pasaban las horas sumergidos bajo las mantas de la cama, prorrumpiendo cada cierto tiempo en quejidos y lamentos que no tenia orden ni lógica.

Eso fue lo primero que recuerdo, después empezaron los ruidos procedentes del mar. Arrastrados por la brisa podían escucharse una maraña de  sonidos. Una especie de silbidos o gritos salvajes y deshumanizados.

Al séptimo día los avistamos. Se dirigían sin formación, en completo desorden, hacia la costa.”

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