Esta noche me he propuesto reflexionar sobre una cuestión que alguna vez ha surcado mi mente y que, aunque sea brevemente, me gustaría compartir con el lector.

No voy a entrar en asuntos que merecen un mayor espacio y un trato o enfoque muy distinto como es el destino, pero no podrá negarme aquel que se ha metido alguna vez en los asuntos del misterio que en ocasiones pasan cosas difícilmente explicables alrededor de uno. Veamos, si una persona no se inmiscuye, o mejor aún, si lleva una vida dentro de lo que podemos denominar “normal” (y aseguro que es una definición que no me gusta ni un pelo), es dificil que se encuentre con el misterio, lo que no significa que no ocurra. Por ejemplo, muchas de las experiencias paranormales suceden con personas que no tenían ni interés ni conocimiento en la materia.

En el otro lado de la balanza se encuentra el investigador, que indaga en “lo desconocido” y, en muchas ocasiones, ese fenómeno que investiga parece que vuelve los ojos hacia él, le da un toque y dice “yo también te veo, ten cuidado”. ¿Es esto verdaderamente un efecto de la causa paranormal o es la propia obsesión (o interés si quieren llamarlo así) del investigador? Son preguntas lanzadas al aire, no es necesario que respondan.

Bien, en toda esta cuestión y una vez se ha producido el “contacto” da la sensación que se desarrollan varias fases. La primera es de pura exaltación o también “he contactado con algo” , esta es peligrosa porque procede del propio instinto y tiene muy poquito de racional. La segunda fase, alejada horas o días del propio fenómeno, es aquella en la que los efectos de emoción del mismo aún están presentes pero el investigador, más lógico que antes se plantea, “¿cómo voy a explicar todo esto” u otra forma de expresarlo “yo sé que esto ha ocurrido pero nadie va a creerme”. La tercera fase, más alejada en el tiempo (y no necesariamente producto de una reflexión más profunda) es aquella en la que nuestro propio cerebro, y que conste que no soy ningún experto científico o estudioso del mismo pues hablo a través de la experiencia, parece recubrirse de una gelatinosa capa de escepticismo, intentando protegernos de una pérdida de cordura y desconexión de la sociedad, e introduce en nuestra mente la duda de lo que antes parecía muy claro “¿de verdad vi lo que vi?”

Reflexione el lector, tanto el lego en la materia o como el investigador de la misma. Esperamos sus comentarios e ideas.

Buenas noches

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